Leer opiniones sesudas, mesuradas y coherentes no es común, y una de las materias más polémicas es la gratuidad de la enseñanza.
Entre las posiciones “principistas” , que consideran a la educación un “derecho” inalienable, conseguido por el pueblo en sus luchas populares y bla, bla, bla con que nos inunda la izquierda y las opiniones sarcasticas y duras de los que nos oponemos se oponen, leer el último artículo del conocido educador es refrescante.
Uno de los mecanismos utilizados internacionalmente para similares propósitos es el de los créditos educativos universitarios administrados por bancos privados o fundaciones que, si bien requieren un fondo inicial y aval del Estado, en el mediano y largo plazo permiten lograr los cuatro objetivos buscados: más recursos para las universidades estatales (que cobrarán sus costos reales), dar al estudiante la opción de elegir libremente a qué carrera y universidad (pública o privada) prefiere aplicar, que cada uno pague el costo real de sus estudios y que el Estado concentre sus mayores recursos en la educación básica.
El que no requiere el crédito, pagará al contado. El que lo requiere, pagará una vez que egrese de la universidad, tenga un empleo profesional y gane por encima de un mínimo verificable por la Sunat, de modo que un pequeño porcentaje de sus ingresos se derive al pago del crédito adeudado hasta cancelarlo. Es un sistema automático, sencillo, probado internacionalmente, al alcance de todos y que resuelve simultáneamente todos los problemas.
¿Algún día podremos dejarnos de bizantinismos y usar el cerebro en vez de retóricas ya muertas?
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